Divulgadores Científicos: Entre la Comunidad y la Ciencia

Gabriel-Leon-300x225por Macarena Rojas-Abalos

 

Gabriel León confiesa que comenzó a hacer divulgación porque le encanta contar historias, es así como de chico estaba empecinado en escribir cuentos de ficción, los cuales no lograba que fueran entretenidos y que la gente leyera.

Sin embargo, luego de terminar sus estudios de postgrado se dio cuenta que sabía mucho de ciencia y que aún tenía esa pasión por la escritura, por lo que decidió escribir historias de ciencia, y no de ficción. “Comencé escribiendo de una historia que me fascinaba, sobre un paper del año ‘88 que se publicó en Nature y que proponía que el agua tenía memoria y recordaba lo que había estado disuelto en ella. Esa historia la encontré genial porque muestra cómo funciona la ciencia y la seudociencia”, explica. Fue con esa primera entrada en su blog, llamado “El Efecto Rayleigh”, que comenzó a liberar su beta artística.

Pero después de esa historia, según comenta, pasó algo que cambió completamente el foco de sus publicaciones. Ese año, en 2011, se aprobó la Ley de Obtentores Vegetales, con la cual se generó bastante polémica y comenzaron a circular una serie de mitos e imprecisiones. Por ello León decidió escribir en su blog para explicar en qué consistía y los alcances reales que tenía dicha ley. “Eso fue lo que cambió mi perspectiva de la comunicación científica, porque esta historia salió publicada en diversos medios nacionales e internacionales. A partir de eso me di cuenta que la gente lo leía y que cumplía un rol social. Ahí hice clic finalmente”, dice.

Hoy, como director del “Centro para la Comunicación de la Ciencia” en la Universidad Andrés Bello, afirma que es muy afortunado porque además de su rol como investigador, parte de sus responsabilidades son la divulgación. “Logré encontrar en un momento particular de mi carrera, cuando me interesaba mucho hacer divulgación, un lugar en la universidad donde parte del trabajo es la difusión, y eso no es fácil”.

En esta entrevista, Gabriel nos explica porqué es importante la divulgación científica y qué falta en el diálogo entre el investigador y la ciudadanía.

 

¿Existe interés de la población en temas científico-tecnológicos?

Es difícil dar una respuesta que sea científica, porque no hay estudios o encuestas de opinión respecto a cuánto le interesa la ciencia a la gente. Sin embargo, desde mi experiencia creo que hay un interés enorme. Este año he tenido la suerte de dar varias charlas en distintas ciudades de Chile y en todas me han dicho que ha llegado más gente de la que se esperaba.

Por ejemplo, a Puerto Montt fui a dar una charla súper específica en la que se esperaban 30 personas, finalmente llegaron 109. Ahí tú te das cuenta que cuando efectivamente el tema es interesante y la gente puede acceder a las charlas, la gente va. Creo que la ciudadanía tiene interés pero faltan canales de comunicación entre los científicos y la población.

 

¿Crees que ya pasamos esa brecha en la que la gente no sabía lo que hace un científico?

No, yo creo que todavía seguimos en esa nebulosa. Creo que la gente sigue muy atada a ese estereotipo clásico de los científicos, este gallo solitario, medio extraño, antisocial, que vive en un laboratorio con delantal y el pelo parado.

Sin embargo, a medida que la población va conociendo a más investigadores se da cuenta que son gente común y corriente, la única diferencia es que tiene un trabajo poco común pero son personas normales que están sujetos a todas las conductas humanas que uno pueda hacer en cualquier otra profesión. Si bien creo que esa caricatura todavía está muy presente, con el tiempo ha ido retrocediendo. Por eso es muy importante que se visualice la labor del científico.

 

Pero ¿los científicos tienen el interés por comunicar?

Hace un tiempo hice una encuesta súper informal en un congreso de la Sociedad de Bioquímica. Me acerqué a varios académicos, todos ellos de gran prestigio, y les pregunté si estarían dispuestos a hacer divulgación hacia la gente común. Todos me dijeron que no. ¡Yo quedé impactado! El argumento de todos era el mismo, me dijeron que les daba mucho miedo no poder aterrizar el lenguaje para que la gente les entendiera.

Personalmente creo que los investigadores sí están interesados, pero tienen temor a hacerlo porque no saben cómo abordar el tema o cómo acercarse con un lenguaje sencillo. Creo que hay algunos investigadores que lo hacen muy bien y han explotado sus dotes de comunicador, hay personas que son muy buen orador y otros que escriben bien y son capaces de relacionarse con la ciudadanía.

 

Pero no podemos descansar en los talentos innatos.

¡Exacto! Es el mismo problema en la docencia. Hay que enseñarle a los científicos a hacer clases; no porque un profesor sea una eminencia y se pare delante de 100 personas hay que esperar que esas 100 personas aprendan, eso no funciona.

 

¿Cómo se puede ayudar al científico a comunicar?

Creo que a nivel de pregrado se podrían empezar a incorporar cursos de comunicación. La divulgación científica es fundamental para la investigación y los programas se tienen que hacer cargo de eso. Por ejemplo, incorporar en pregrado un curso de comunicación, con periodistas que les enseñen a los científicos cómo escribir una historia, porque los contenidos por sí mismos pueden ser muy interesantes pero si nadie los lee, no existen.

 

¿Quién es el responsable de comunicar la ciencia, el científico o el periodista?

Desde mi perspectiva tienen que ser los científicos. Los periodistas saben comunicar muy bien, pero quienes saben de ciencia son los científicos, por lo tanto el relato tiene que ser en primera persona.

El investigador es quien está mejor preparado para entender la importancia de una investigación, para entender cómo se hizo e incluso para decidir cuando una noticia es digna de ser comunicada o no. Por ejemplo, si hay un estudio que es muy pequeñito en un tema que puede ser muy interesante, tal vez es importante tomarlo con más distancia y no publicarlo como el gran descubrimiento. Muchas veces se anuncian investigaciones que tienen un “n” igual a dos y salen en la prensa como “se descubrió la cura contra el sida”.

Además, es muy importante tener en cuenta que la ciencia que se desarrolla en Chile es con plata de los impuestos, es decir, de todos los chilenos. Por lo tanto, la gente tiene derecho a saber en qué se está gastando esa plata. Como científicos no podemos darnos el lujo de recibir dineros de Fondecyt y quedarnos callados. La comunicación científica no es publicar un paper, porque la gente no tiene acceso a las revistas, ya que muchas veces son de pago. Y más allá de la barrera económica, está la barrera del lenguaje. En ese sentido yo tengo la convicción de que el científico tiene una responsabilidad social.

 

Sobre la reunión de NEXOS Chile-USA de este año, ¿qué expectativas tienes?

Espero conocer de primera fuente cómo es la vida y las investigaciones que realizan los científicos chilenos que viven en Estados Unidos, por ejemplo, hay puntos de comparación bien interesantes respecto al financiamiento y también a los tiempos de investigación.

Muchos científicos vuelven a Chile después de hacer su carrera fuera y tienen un aterrizaje bien duro. Lo que más me interesa es contarles a estos investigadores, que están iniciando sus carreras, que necesitamos que hagan divulgación científica, que el rol social del científico no se limita a encontrar la cura para el cáncer. El rol social del científico se enmarca dentro de una órbita que para mí es súper importante y que es la educación.

Actualmente, en los colegios no están formando gente que piensa, están generando maquinitas que contestan pruebas. Los colegios están matando la creatividad y se están matando a los pequeños científicos que llevamos dentro. Los niños en un principio son muy buenos científicos, sin embargo, si hoy tú vas a un colegio a dar una charla y haces una pregunta, todos quedan paralizados. Esto ocurre porque les tienen terror a las preguntas. Los científicos amamos las preguntas, sobre todo aquellas que no tienen respuestas. Hoy en día vivir en la incertidumbre es mirado como algo negativo, pero los científicos conviven en la incertidumbre normalmente. Entonces estamos generando una camada de estudiantes que le tiene aversión a la vida del científico, que le teme a las preguntas y a la incertidumbre, y eso es en parte responsabilidad de los colegios, un fenómeno que está pasando en todo el mundo.

Es por esto que es muy importante que los científicos le muestren a la gente no sólo los productos de la ciencia sino también mostrar cómo funciona la ciencia. Porque se trabaja de la mano con el pensamiento crítico, algo fundamental que se debería practicar más en los colegios, y porque le da herramientas a la gente para que pueda tomar buenas decisiones.

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